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    martes, agosto 15, 2017

    Pisco recuerda 'con cariño' al expresidente Alan García

    Nanci Morales busca un documento en el cajón de su ropero, una constancia que le entregaron hace diez años. Cuando la encuentra, la enseña decepcionada, como prueba de su doble condición de damnificada: fue víctima del terremoto del 15 de agosto que destruyó su casa de adobe y de funcionarios que no la escucharon.

    En esta parte de El Porvenir, sector del distrito de San Clemente, al menos 140 familias viven aún entre la tierra y el polvo, rodeados de olvido. Antes del sismo no tenían veredas ni pistas, y el panorama hoy no ha cambiado mucho.

    Ella tiene dos hijos a los que cuida sola. Gana entre 20 y 30 soles al día por trabajar en el campo, donde contrajo una enfermedad que le hizo perder la visión del ojo derecho.

    A pesar de su discapacidad parcial, continuó con su rutina hasta que pudo comprar una casa prefabricada que hoy, afirma, se puede caer en cualquier momento. La constancia de damnificada solo le sirvió para certificar lo obvio: que no tenía donde vivir.

    Falta de títulos
    Tomás Andía, alcalde provincial de Pisco, asegura que San Clemente es una de las jurisdicciones que menos se ha recuperado del sismo. La razón, sostiene, es la falta de formalización de los predios.

    A Zenobia Durán, otra vecina de la zona, le explicaron que no le darían el bono de reconstrucción porque no tenía título de propiedad y porque le faltaban unos papeles que no le dijeron dónde conseguir.

    "Acá, en El Porvenir, somos los más olvidados. Lo que tenemos en estos diez años es por nosotros. No nos han titulado, no recibimos bono. No podemos pedir préstamos. ¿Ayuda? Nada", se queja.

    El exalcalde de la provincia, Juan Mendoza, indica que en los últimos años se han entregado unos 13 mil 500 títulos de propiedad, pero otros 15 mil predios afectados todavía están en ese proceso, que avanza muy lento.

    Para Andía, el terremoto fue una tragedia, pero también una oportunidad que se "desaprovechó". "A Pisco ya no se le atiende por ser una región damnificada, sino por su nivel de pobreza. Lamentablemente, no estamos en el quintil de pobreza, en apariencia, según los indicadores del INEI", dice el funcionario.

    Zona roja
    —"¡Nosotros vivimos el terror! Las casas caían como casinos".

    José Flores vive en Pisco Playa, una de las zonas más afectadas por el terremoto de 7.9 grados. Cuando recuerda aquel 15 de agosto, no se apena, al contrario, se fastidia.

    Se muestra inquieto, estira los brazos y señala su pared de esteras que levantó por cuenta propia. "Ciertas personas se beneficiaron con el bono (de vivienda), ¿y el resto? ¡El resto, nada!", reclama. Dice que está indignado porque la ayuda fue mal administrada, porque llegó solo para algunos, porque estuvo direccionada.

    La casa de José se ubica al lado del parque 8 de Setiembre, fecha festiva para los pisqueños. Fue construido para recordar el desembarco de José de San Martín en la Bahía de Paracas, pero se ha convertido en un terreno vacío, abandonado. Así se siente la familia Flores.

    Frente a su puerta está el Malecón Pardo, que luce nuevas pistas y veredas. "¿Para qué hacen eso? Para que la gente diga qué bonito el malecón, qué bonito, ¡pero mira cómo vive uno acá!", agrega José, mientras muestra su techo de esteras y el suelo húmedo que no lo protege del frío.

    A José le dijeron que no obtendría un título de propiedad porque todo el sector ha sido declarado de alto riesgo sísmico, no apto para construir residencias, una "zona roja".

    En la misma cuadra donde él vive, sin embargo, existen varias otras familias que sí consiguieron un módulo de vivienda. Al otro lado de la calle se ha construido un hotel y, unos metros más allá, un nuevo restaurante.

    Tomás Andía asegura que unas 400 familias viven en este sector de la ciudad, que además guarda la prueba más visible de la catástrofe.

    En el extremo norte de la avenida Manuel Pardo, hacia el final del malecón, se encuentra la zona de Leticia-Sabatinga. Allí, donde antes operaba la fábrica de Pesco Perú, se han arrojado las miles de toneladas de escombros que generó el terremoto.

    Por allí camina Daniel, de nueve años, que intenta no caerse. Nació después del sismo, pero ha escuchado las historias. Para él, sin embargo, este depósito no es más que el escenario ideal para jugar a la "guerra".

    Andía dice que existe un plan para trasladar esos residuos hacia los bordes del río Pisco, lo que evitaría futuros desbordes. No obstante, añade que ese proceso demanda un gasto que supera el millón de soles, presupuesto que no tiene su comuna y que ha solicitado al gobierno central.

    Los vecinos de esta zona, como Candi Herrera, denuncian que aquel botadero de desmonte atrae roedores, culebras y fumones. Además, en los días con vientos fuertes, el polvo se levanta y afecta a los niños y adultos mayores.

    El panorama es similar en Pisco Playa Sur. Las casas se han reconstruido, la mayoría por esfuerzo de los propios residentes, pero las calles no han sido asfaltadas, las veredas siguen rotas. Los robos son frecuentes y el miedo es constante.

    En estas zonas existe más resignación que esperanza. Muchos creen que pasado este 15 de agosto, el terremoto empezará a ser historia. Porque para quienes no han vivido la devastación, el dolor ajeno expira más pronto. Y tal vez no dure más de diez años.

    El "gran sismo" de Lima puede ser de 8.8 grados
    Debido al silencio sísmico en las placas de la costa de Lima, el próximo gran terremoto que se registre en la costa de la capital peruana podría ser más intenso que el de Pisco.

    "Nuestros últimos cálculos demuestran que el sismo que ocurra en Lima sería de una magnitud de 8.8 en escala Richter”, declaró ayer Hernando Tavera, director de sismología del Instituto Geofísico del Perú (IGP).

    El experto aclaró, no obstante, que el poder destructivo del terremoto también está condicionado por la cercanía del epicentro a la superficie. “Cuanto más cerca de la superficie ocurra el sismo, más daño causará. Ha habido casos en donde temblores de 7.3 no ocasionaron daños porque estos se localizaron a 700 kilómetros de profundidad”, dijo. En lo que va del año se han detectado 210 temblores.

    En cifras
    192 mil viviendas destruyó el terremoto de Pisco, según Indeci.

    28 mil bonos de viviendas se entregaron entre 2008 y 2012 por el sismo.

    59 mil damnificados se registraron en la provincia de Pisco, la más afectada en Ica.

    El terremoto fue una tragedia y una oportunidad perdida. A Pisco ya no se le atiende como región damnificada.

    Fuente: LaRepublica.Pe

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